Y una voz salió de la nube, diciendo: «Este es mi Hijo amado. ¡A Él oíd!»
Lucas 9:35
14 DE SEPTIEMBRE
Escucha al Hijo amado de Dios
En los relatos de lo que ocurrió en el Monte de la Transfiguración que encontramos en los Evangelios de Mateo y Lucas, vemos cómo nuestro Señor Jesús llevó a sus discípulos Pedro, Jacobo y Juan a un monte alto para orar.
Las Escrituras nos dicen que «mientras oraba, la apariencia de su rostro se transformó, y su ropa se volvió de un blanco deslumbrante» (Lucas 9:29 NTV). Entonces aparecieron dos de las figuras más ilustres de la fe judía, Moisés y Elías, y comenzaron a hablar con Jesús. ¡Imagina la sorpresa y el asombro de los discípulos al ver a estos dos grandes hombres —uno representando la ley y el otro representando a los profetas— apareciendo con Jesús en gloria!
Pedro, sintiendo que tenía que decir algo, pero sin saber qué decir, exclamó: «Maestro, bueno es para nosotros estar aquí; y hagamos tres tabernáculos: uno para ti, uno para Moisés y uno para Elías».
Ahora bien, Pedro no se dio cuenta de que, al decir esto, estaba colocando a Jesús al mismo nivel que Moisés y Elías, y el Padre tuvo que corregir a Pedro. Mientras Pedro todavía estaba hablando, una nube los cubrió, y una voz salió de la nube diciendo: «Este es mi Hijo amado. ¡A Él oíd!». Cuando los discípulos escucharon esto, cayeron al suelo, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos, los tocó y dijo: «Levantaos, y no temáis» (Mateo 17:7). Cuando se atrevieron a levantar la mirada, no vieron a nadie excepto al Señor.
Ahora, imagina esto: acabas de ser cubierto por la brillante nube de la gloria shekiná de Dios y has escuchado al Padre decir desde el cielo: «¡Escuchen a mi Hijo, Jesús!». Mientras estás postrado rostro en tierra, absolutamente aterrorizado, ¿no te preguntarías qué va a decir Jesús? ¿Cuáles serán sus primeras palabras? Entonces el Señor Jesús se acerca a ti, te toca con seguridad y calidez, y dice: «Levántate, y no temas».
¿No es esto hermoso? Sus primeras palabras cuando sus discípulos estaban aterrorizados no fueron palabras relacionadas con una nueva ley o mandamiento. Fueron palabras de gracia. Y en esas palabras puedes ver la naturaleza de nuestro Señor. Su presencia y sus palabras siempre te levantarán —espíritu, alma y cuerpo— cuando te sientas abatido o tengas miedo.
Volviendo al relato, quiero que observes lo que dijo el Padre: «Escuchen a Él», no «Escuchen a ellos». En aquel monte de la transfiguración de nuestro Señor, Moisés y Elías estaban allí mismo junto a Jesús. ¿Quién era Moisés? El dador de la ley. ¿Quién era Elías? No solamente un profeta del Antiguo Testamento, sino también el restaurador de la ley (en el Antiguo Testamento, cuando Israel seguía a otros dioses, Elías vino al pueblo como restaurador de la ley).
¿Puedes ver que, para el creyente, la ley de Moisés ha cumplido su propósito de llevar al hombre al límite de sí mismo, haciéndole reconocer su propia incapacidad? Los profetas también cumplieron su propósito de recordarle al hombre las leyes de Dios. Ambos han cumplido sus propósitos. Ahora es el día de la gracia. Es el día del Hijo de Dios; no de los siervos de Dios, sino del Hijo de Dios mismo.
Desafortunadamente, hay muchos creyentes hoy que colocan a Jesús —la gracia— al mismo nivel que la ley de Moisés. Se consideran restauradores de la ley y luchan para que la ley de Moisés sea restaurada. Pero ese no es el corazón del Padre. Por eso el Padre habló y dijo: «Escuchen a Él».
Creo que las personas que defienden el regreso de la ley de Moisés no se dan cuenta de que por medio de la ley no se obtiene el conocimiento de la santidad ni de Dios, sino el «conocimiento del pecado». Observa Romanos 3:20–22:
Por tanto, por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, de la cual dan testimonio la Ley y los Profetas: la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos y sobre todos los que creen.
Observa que en el pasaje anterior el apóstol Pablo también dice: «Pero ahora se ha manifestado la justicia de Dios aparte de la ley». ¿Quieres vivir en el ahora o en el pasado? ¿Y quieres recibir la revelación más reciente de Dios? Pues bien, ¡la revelación más reciente de Dios es la gracia! Es la revelación de la justicia de Dios que te ha sido dada como un regalo, aparte de la ley, y esta revelación vino por medio del Hijo. Por eso Moisés (la Ley) y Elías (los Profetas) fueron ambos testigos de que debemos «escuchar a ÉL», al Hijo: solo la gracia es lo que te levantará hoy.

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