24 DE AGOSTO
Cayendo de la gracia
Cristo se ha vuelto de ningún efecto para vosotros, cualquiera de vosotros que seáis justificados por la ley; de la gracia habéis caído.
Gálatas 5:4 (RVR/KJV)
¿Qué viene a tu mente cuando escuchas la expresión «caer de la gracia»? Hoy en día, cuando alguien peca, algunos ministros dicen que esa persona «ha caído de la gracia». Sin embargo, resulta interesante que cuando el apóstol Pablo escribió a la iglesia de Corinto, nunca les dijo a los corintios que habían caído de la gracia, a pesar de todos sus pecados.
El versículo de hoy nos da la verdadera definición de «caer de la gracia». Nos dice que caer de la gracia es caer en la ley, es decir, intentar ser justificado mediante la obediencia a la ley. Observa entonces que la gracia es el terreno elevado. En otras palabras, cuando estás bajo la ley, has caído de tu posición elevada de gracia. De la misma manera que el propiciatorio del arca del pacto estaba colocado por encima de los Diez Mandamientos, caer de la gracia significa volver a los Diez Mandamientos.
Quiero que conozcas lo que realmente dicen las Escrituras acerca de caer de la gracia, para que no te prives del poder de reinar en vida. Cuando falles, no tengas la idea de que has «caído de la gracia» y luego intentes, mediante tus propios esfuerzos, volver a estar en «el favor» de Dios. No. La gracia de Dios no puede ser merecida, ganada ni obtenida por nuestros méritos. Solo puede ser recibida. Y te conviertes en un buen receptor de Su gracia, que te capacita para reinar en vida, cuando llegas al final de ti mismo, al final de tus propios esfuerzos por salvarte. Cuando ves tu necesidad de Jesús y recibes y descansas en Su obra consumada (especialmente cuando has fallado), es entonces cuando el favor inmerecido de Dios —Su gracia salvadora— se manifiesta plenamente en tu vida.
Miriam, quien vive en Texas, descubrió que esto era realmente cierto en su vida:
Pastor Prince, fui creyente durante mucho tiempo, pero estaba muy frustrada en mi caminar cristiano porque no estaba viviendo una vida victoriosa. Estaba enojada con la iglesia, enojada con Dios y cuestionaba de qué se trataba esta vida en Jesucristo. También estaba enojada con mi familia, particularmente con mi hijo debido a su comportamiento rebelde. De acuerdo con las enseñanzas que había recibido y con lo que estaba haciendo para obedecerlas, se suponía que todo debía marchar sin problemas.
Comencé a dar caminatas temprano por la mañana y a abrirle mi corazón a Dios. Le dije lo frustrada que estaba y le pedí que me mostrara en qué me había equivocado. También le dije que no podía amar a mi hijo por lo que era. Le pedí a Dios que amara a mi hijo, porque aunque yo no podía hacerlo, sabía que Él sí podía.
Le entregué todo mi enojo y comencé a ver mejoras en aquellas áreas en las que había tenido dificultades. Le dije a Dios que simplemente quería vivir la vida que Jesús había venido a darme, porque no creía que Jesús hubiera pasado por una muerte tan horrible para que yo viviera una vida derrotada.
Poco después, leí uno de sus libros y me di cuenta de que estaba viviendo bajo una mezcla de ley y gracia. Comencé a aprender a mantener mis ojos puestos en la obra consumada de Jesús y a depender de Él para vivir la vida del reino. Nadie me había enseñado acerca de la gracia de nuestro Señor Jesús y del amor que el Padre Dios nos ha dado mediante la obra consumada de Su Hijo, y nunca había comprendido lo que significaba vivir como una nueva creación en Cristo Jesús.
Desde entonces he aprendido que no se trata de intentar creer o intentar ser buena para ganarme la gracia de Dios. He aprendido que es un regalo gratuito, y mi respuesta ahora siempre es: «Gracias, Padre Dios, por amarme tanto y darme esta abundancia de Tu gracia y el regalo gratuito de la justicia por medio de Jesucristo». Su enseñanza acerca de la gracia de nuestro Señor Jesús ha cambiado mi enfoque para contemplar el amor de Jesús y Su obra consumada. El deseo de mi corazón es ser la luz del mundo, representando a Jesús en espíritu y en verdad, y ser transformada a Su imagen por el Espíritu Santo desde adentro hacia afuera. ¡Y alabado sea Dios, mi relación con mi hijo ha sido restaurada porque permití que el Padre Dios lo amara! Ahora siempre veo a mi hijo a través de Sus ojos.
Amigo mío, así como lo hizo Miriam, es tiempo de que salgas de la mezcla, la confusión y la derrota. Es tiempo de liberarte de la paralizante influencia de todo aquello que te ha estado frenando. ¿Cómo? Cayendo en los brazos de la gracia. La gracia es el terreno elevado sobre el cual Dios quiere que permanezcas. Solo la gracia de Dios tiene el poder de sacarte del ciclo del pecado y del fracaso. La buena noticia es que hoy puedes abrazar el favor inmerecido, no ganado y no merecido de nuestro Señor, y comenzar a tener dominio sobre el pecado.
Este devocional está tomado del libro Reina en Vida — 90 poderosas inspiraciones para un avance extraordinario.









