lunes, 24 de agosto de 2026

Cayendo de la gracia

 


24 DE AGOSTO

Cayendo de la gracia

Cristo se ha vuelto de ningún efecto para vosotros, cualquiera de vosotros que seáis justificados por la ley; de la gracia habéis caído.

Gálatas 5:4 (RVR/KJV)


¿Qué viene a tu mente cuando escuchas la expresión «caer de la gracia»? Hoy en día, cuando alguien peca, algunos ministros dicen que esa persona «ha caído de la gracia». Sin embargo, resulta interesante que cuando el apóstol Pablo escribió a la iglesia de Corinto, nunca les dijo a los corintios que habían caído de la gracia, a pesar de todos sus pecados.

El versículo de hoy nos da la verdadera definición de «caer de la gracia». Nos dice que caer de la gracia es caer en la ley, es decir, intentar ser justificado mediante la obediencia a la ley. Observa entonces que la gracia es el terreno elevado. En otras palabras, cuando estás bajo la ley, has caído de tu posición elevada de gracia. De la misma manera que el propiciatorio del arca del pacto estaba colocado por encima de los Diez Mandamientos, caer de la gracia significa volver a los Diez Mandamientos.

Quiero que conozcas lo que realmente dicen las Escrituras acerca de caer de la gracia, para que no te prives del poder de reinar en vida. Cuando falles, no tengas la idea de que has «caído de la gracia» y luego intentes, mediante tus propios esfuerzos, volver a estar en «el favor» de Dios. No. La gracia de Dios no puede ser merecida, ganada ni obtenida por nuestros méritos. Solo puede ser recibida. Y te conviertes en un buen receptor de Su gracia, que te capacita para reinar en vida, cuando llegas al final de ti mismo, al final de tus propios esfuerzos por salvarte. Cuando ves tu necesidad de Jesús y recibes y descansas en Su obra consumada (especialmente cuando has fallado), es entonces cuando el favor inmerecido de Dios —Su gracia salvadora— se manifiesta plenamente en tu vida.

Miriam, quien vive en Texas, descubrió que esto era realmente cierto en su vida:

Pastor Prince, fui creyente durante mucho tiempo, pero estaba muy frustrada en mi caminar cristiano porque no estaba viviendo una vida victoriosa. Estaba enojada con la iglesia, enojada con Dios y cuestionaba de qué se trataba esta vida en Jesucristo. También estaba enojada con mi familia, particularmente con mi hijo debido a su comportamiento rebelde. De acuerdo con las enseñanzas que había recibido y con lo que estaba haciendo para obedecerlas, se suponía que todo debía marchar sin problemas.

Comencé a dar caminatas temprano por la mañana y a abrirle mi corazón a Dios. Le dije lo frustrada que estaba y le pedí que me mostrara en qué me había equivocado. También le dije que no podía amar a mi hijo por lo que era. Le pedí a Dios que amara a mi hijo, porque aunque yo no podía hacerlo, sabía que Él sí podía.

Le entregué todo mi enojo y comencé a ver mejoras en aquellas áreas en las que había tenido dificultades. Le dije a Dios que simplemente quería vivir la vida que Jesús había venido a darme, porque no creía que Jesús hubiera pasado por una muerte tan horrible para que yo viviera una vida derrotada.

Poco después, leí uno de sus libros y me di cuenta de que estaba viviendo bajo una mezcla de ley y gracia. Comencé a aprender a mantener mis ojos puestos en la obra consumada de Jesús y a depender de Él para vivir la vida del reino. Nadie me había enseñado acerca de la gracia de nuestro Señor Jesús y del amor que el Padre Dios nos ha dado mediante la obra consumada de Su Hijo, y nunca había comprendido lo que significaba vivir como una nueva creación en Cristo Jesús.

Desde entonces he aprendido que no se trata de intentar creer o intentar ser buena para ganarme la gracia de Dios. He aprendido que es un regalo gratuito, y mi respuesta ahora siempre es: «Gracias, Padre Dios, por amarme tanto y darme esta abundancia de Tu gracia y el regalo gratuito de la justicia por medio de Jesucristo». Su enseñanza acerca de la gracia de nuestro Señor Jesús ha cambiado mi enfoque para contemplar el amor de Jesús y Su obra consumada. El deseo de mi corazón es ser la luz del mundo, representando a Jesús en espíritu y en verdad, y ser transformada a Su imagen por el Espíritu Santo desde adentro hacia afuera. ¡Y alabado sea Dios, mi relación con mi hijo ha sido restaurada porque permití que el Padre Dios lo amara! Ahora siempre veo a mi hijo a través de Sus ojos.

Amigo mío, así como lo hizo Miriam, es tiempo de que salgas de la mezcla, la confusión y la derrota. Es tiempo de liberarte de la paralizante influencia de todo aquello que te ha estado frenando. ¿Cómo? Cayendo en los brazos de la gracia. La gracia es el terreno elevado sobre el cual Dios quiere que permanezcas. Solo la gracia de Dios tiene el poder de sacarte del ciclo del pecado y del fracaso. La buena noticia es que hoy puedes abrazar el favor inmerecido, no ganado y no merecido de nuestro Señor, y comenzar a tener dominio sobre el pecado.

Este devocional está tomado del libro Reina en Vida — 90 poderosas inspiraciones para un avance extraordinario.

domingo, 23 de agosto de 2026

No es lo que tienes, sino a quién tienes


Ahora José había sido llevado a Egipto. Y Potifar, oficial del faraón y capitán de la guardia, un egipcio, lo compró de manos de los ismaelitas que lo habían llevado allí. El Señor estaba con José, y él era un hombre próspero; y estaba en la casa de su amo, el egipcio.

Génesis 39:1–2

23 DE AGOSTO

No es lo que tienes, sino a quién tienes

¿Considerarías al joven José, que estaba a punto de ser vendido como esclavo, «un hombre próspero»?

¡Por supuesto que no!

Sin embargo, Dios dice con Sus propias palabras que José era un hombre próspero.

La definición de éxito de Dios es contraria a la definición del mundo. El mundo empresarial mide el éxito según lo que has hecho, lo que has logrado y lo que has acumulado. Se basa completamente en que enfoques todo tu tiempo, energía y recursos en obtener títulos y acumular logros.

Ahora bien, hemos visto cómo esta acumulación egoísta ha llevado a la crisis de las hipotecas de alto riesgo, a la desaparición de bancos de inversión y a un colapso financiero internacional generalizado.

Amigo mío, quiero animarte a comenzar a comprender que el modelo de éxito del mundo es inestable y está construido sobre un fundamento que puede ser sacudido. Puede tener la apariencia de una vida buena y próspera, pero es temporal. Todos hemos visto por nosotros mismos cómo las riquezas pasajeras del mundo pueden disiparse como el humo y desaparecer fácilmente como las arenas movedizas del desierto.

A partir de Génesis 39:2, queda claro que el éxito no depende de lo que tienes, sino de a quién tienes. José literalmente no tenía nada en términos materiales, pero al mismo tiempo lo tenía todo, porque el Señor estaba con él. Las cosas materiales que has acumulado o que estás tratando desesperadamente de acumular no te convierten en una persona exitosa. ¡Es la presencia del Señor en tu vida la que te hace una persona exitosa!

Necesitamos aprender a dejar de perseguir cosas y comenzar a perseguirlo a Él. Dios considera que tu relación con Él es lo único que necesitas para tener éxito en cada área de tu vida. No puedo imaginar un comienzo peor que el de José. Estaba completamente desnudo. ¡No tenía nada! No tenía cuentas bancarias, títulos académicos, contactos naturales con personas influyentes, nada. Gracias a Dios, la Biblia registra la historia de José, quien comenzó sin nada, para que tú y yo podamos tener esperanza hoy. Si piensas que, al igual que José, no tienes nada, entonces puedes comenzar a creer en el poder de la presencia del Señor en tu vida. ¡Comienza a mirar a Jesús y reclama para ti esa promesa de las Escrituras!

Di: «El Señor está conmigo, y soy una persona exitosa».

Dilo cien veces si es necesario y comienza a verlo como tu realidad. Coloca esta promesa en tu espejo y, cada mañana, cuando te cepilles los dientes, recuérdate que hoy, mientras vas al trabajo, mientras vas a estudiar, mientras comienzas el día cuidando a tus hijos en casa (o hagas lo que tengas que hacer), el Señor está contigo. Y porque Él está contigo, ¡YA ERES UNA PERSONA EXITOSA! Cuando tienes a Jesús en tu vida, ya no estás tratando de alcanzar el éxito; ¡YA ERES EXITOSO!

Este devocional está tomado del libro 100 Días de Favor — Lecturas diarias sobre el Favor inmerecido

sábado, 22 de agosto de 2026

La Palabra de Dios Trae Vida y Sanidad




Él envió su palabra y los sanó, y los libró de sus destrucciones.

Salmo 107:20


22 DE AGOSTO

La Palabra de Dios Trae Vida y Sanidad


He recibido muchos testimonios de sanidad de personas preciosas que fueron sanadas mientras se aferraban a promesas específicas de la Palabra de Dios para ellas. Hace algunos años, prediqué sobre 1 Juan 4:17, que dice: «Como Él es, así somos nosotros en este mundo». Nuestro Señor Jesús llevó nuestros pecados y nuestras enfermedades en Su propio cuerpo en la cruz, y resucitó de entre los muertos sin ellos. Esto significa que así como Jesús está libre de toda enfermedad, nosotros también lo estamos en este mundo.

La semana siguiente, una mujer de mi iglesia recibió un informe médico de una mamografía que mostraba un bulto en su seno. Sus médicos le dijeron que regresara para poder realizarle una biopsia. Su respuesta fue escribir en el informe: «Como Jesús es, así soy yo en este mundo. Señor Jesús, ¿tienes bultos en Tu seno?». Y luego oró: «Señor, así como Tú estás libre de bultos, así estoy yo en este mundo». Eso fue todo. Solo una oración sencilla.

En su cita, los médicos la examinaron y volvieron a examinarla, pero no pudieron encontrar el bulto ni ofrecer ninguna explicación de cómo este simplemente había desaparecido. ¡No necesitamos saber cómo; solo necesitamos saber quién! Fue nuestro Jesús quien la sanó. ¡Aleluya!

He recibido testimonios de muchas personas que fueron animadas por el testimonio de alabanza de esta mujer. Se aferraron a esta misma Escritura y continuaron confesándola sobre sí mismos hasta que recibieron su milagro. Realmente creo que leer testimonios es el camino de Dios.

Por eso la Biblia está llena de tantos testimonios de sanidad para nuestro beneficio. No hay sanidad demasiado grande ni demasiado pequeña para el Señor. Los testimonios de la suegra de Pedro, que fue sanada de la fiebre (Mat. 8:14–15); del hombre que tenía la mano seca (Mat. 12:9–13); y de la mujer que no podía enderezarse desde hacía dieciocho años (Luc. 13:11–13), fueron todos registrados para nosotros. Hay testimonios de ojos ciegos que fueron sanados (Juan 9:1–7; Mar. 8:22–25; Luc. 18:35–43; Mat. 9:27–30), oídos sordos que fueron abiertos (Mar. 7:32–35) y personas mudas que comenzaron a hablar (Mat. 9:32–33). También hay testimonios de personas que habían muerto y fueron devueltas a la vida (Juan 11:1–44; Mar. 5:35–42).

Los relatos de sanidad también están registrados en el Antiguo Testamento. Naamán fue sanado de la lepra (2 Rey. 5:1–14). A Ezequías le dijeron que no se recuperaría de una enfermedad terminal, pero Dios lo sanó y extendió su vida quince años más (2 Rey. 20:1–7). Y estos son solo algunos de los muchos testimonios registrados para nosotros en la Palabra de Dios.

Amado, quiero que sepas que esta también puede ser tu historia y tu testimonio. ¡Lo que el Señor hizo por ellos, Él puede y quiere hacerlo por ti! La sanidad de Jesús para ti descansa sobre el fundamento de Su Palabra inmutable. Hoy, permite que Su sanidad y plenitud se manifiesten en tu vida mientras anclas tu corazón en Sus promesas, Su obra perfecta y Su gracia.

Este devocional está tomado del libro El Poder Sanador de la Santa Comunión—Un Devocional de 90 Días.

viernes, 21 de agosto de 2026

Ningún mal te sobrevendrá

Porque has hecho del Señor, quien es mi refugio, del Altísimo, tu morada, no te sobrevendrá ningún mal, ni ninguna plaga se acercará a tu morada.

Salmo 91:9–10

21 DE AGOSTO

Ningún mal te sobrevendrá

Cuando era estudiante, acepté un trabajo de medio tiempo en una fábrica que fabricaba refrigeradores. Como cualquier adolescente, simplemente quería ganar algo de dinero extra. No era un trabajo complicado. Yo formaba parte de una línea de ensamblaje y lo único que tenía que hacer era usar un taladro eléctrico para hacer una abertura y sujetar firmemente un condensador en la parte posterior de cada refrigerador. Pasaba todo el día trabajando con el taladro eléctrico, ganándome mi sustento.

En aquel tiempo, tenía la costumbre de llevar conmigo un pequeño librito. Era mi librito de versículos bíblicos para memorizar, y lo leía y hablaba la Palabra de Dios tres veces al día. Durante ese período, había un versículo en particular del Salmo 91 que confesaba todos los días: «No te sobrevendrá ningún mal, ni ninguna plaga se acercará a tu morada» (Sal. 91:10). Era mi confesión diaria por la mañana antes de salir al trabajo, y durante mis descansos, mis compañeros de trabajo me veían sentado en algún rincón, confesando este versículo. Era una revelación muy poderosa para mí, y realmente quería que Su Palabra, y en particular esta verdad acerca de la protección de Dios, penetrara profundamente en mi corazón.

Un día, mientras ensamblaba otro refrigerador, perdí el control del taladro eléctrico. De alguna manera se me escapó de las manos y el taladro se dirigió directamente hacia mi estómago. Todo sucedió muy rápidamente. El taladro eléctrico, que giraba con toda su fuerza, golpeó mi estómago… y simplemente rebotó. Algunos de los trabajadores que vieron lo que había sucedido corrieron hacia mí, preocupados. ¡Fue entonces cuando me di cuenta de que estaba completamente ileso!

Lo único que vino a mi mente en aquel momento fue la Escritura en la que había estado meditando. Ese día, el versículo «No te sobrevendrá ningún mal, ni ninguna plaga se acercará a tu morada» cobró vida para mí. Doy gracias por la protección divina del Señor sobre mi vida cuando era adolescente. ¿No aman ustedes a nuestro maravilloso y hermoso Salvador? Mientras meditas en Sus promesas de Su Palabra y las declaras, creo que también verás Su poder salvador y liberador obrando a tu favor.

Este devocional está tomado del libro El devocional de la oración de protección — Estrategias diarias para vivir sin temor en tiempos peligrosos

jueves, 20 de agosto de 2026

El amor cumple la ley



El amor no hace daño al prójimo; por lo tanto, el amor es el cumplimiento de la ley.

Romanos 13:10


20 DE AGOSTO

El amor cumple la ley


Hay una revolución de la gracia que está teniendo lugar, ¡y está liberando a personas preciosas del poder del pecado! El glorioso evangelio de la gracia produce vidas gloriosas, victoriosas y santas. Si conoces personas que viven en pecado y afirman que están bajo la gracia, ¡sabes que definitivamente no están viviendo bajo la gracia! ¿Cómo podrían estarlo cuando la Biblia declara que el pecado no tendrá dominio sobre aquellos que no están bajo la ley, sino bajo la gracia (Rom. 6:14)? Los Diez Mandamientos no pueden producir santidad en las personas. La gracia es el poder para ir y no pecar más (Juan 8:11).

También hay personas que creen que predicar la gracia de Dios les da a las personas una licencia para pecar y aprueba el libertinaje. ¡Eso no es lo que la gracia de Dios hace en absoluto! Por el contrario, la maravillosa gracia de Dios transforma el corazón de una persona y produce verdadera santidad, que no es solamente externa, sino también profunda e íntima, comenzando desde lo más profundo del corazón de una persona. La santidad es un fruto de la gracia de Dios.

La palabra “santidad” en el Nuevo Testamento es la palabra griega hagiasmos, que también se traduce algunas veces como “santificación”. En el momento en que recibiste a Jesús como tu Señor y Salvador, fuiste justificado por la fe y hecho perfectamente justo. También fuiste hecho santo o santificado, lo cual significa ser apartado para el Señor. Y a medida que creces en la gracia y el conocimiento de Jesús, eres transformado progresivamente a Su imagen, de gloria en gloria (2 Cor. 3:18). Ahora bien, no puedes ser más justo, porque ya eres 100 por ciento justo por la sangre de Jesús. Pero bajo la gracia, puedes crecer en santidad en la manera en que vives tu vida.

Estoy totalmente a favor de la santidad y vehementemente en contra del pecado. En lo que difiero de algunos predicadores es en mi enfoque sobre cómo detener el poder del pecado y ayudar al pueblo de Dios a crecer en una mayor santidad. Para muchos predicadores, la respuesta al pecado se encuentra en predicar los Diez Mandamientos. Yo creo que la respuesta se encuentra en predicar a Jesús y el evangelio de la gracia.

Ahora, escucha atentamente lo que estoy a punto de decir. Bajo la gracia, cuando experimentas el amor de nuestro Señor Jesús, ¡terminarás cumpliendo la ley! Bajo la gracia, terminarás siendo santo. ¡La gracia produce verdadera santidad! Como el apóstol Pablo proclama con valentía en el texto de hoy: “El amor no hace daño al prójimo; por lo tanto, el amor es el cumplimiento de la ley”.

Cuando el amor de Jesús está en ti, no puedes evitar cumplir la ley. Cuando tu corazón rebosa de la gracia y la bondad amorosa de Dios, no tendrás ningún deseo de cometer adulterio o asesinato, dar falso testimonio o codiciar. Tendrás el poder de amar a tu prójimo como a ti mismo. ¿De dónde proviene este poder? De estar firmemente arraigado y establecido en la gracia de Dios. Tienes el poder de amar porque Él te amó primero (1 Juan 4:19, NASB). ¡Por eso la Biblia declara que “el amor es el cumplimiento de la ley”!

De hecho, cuando el pueblo de Dios está bajo la gracia, no solo cumple la letra de la ley, sino que también la supera y va más allá. Por ejemplo, la ley te ordena no cometer adulterio, y hay personas que pueden cumplir solamente la letra de la ley y no cometer adulterio externamente. Sin embargo, interiormente, no tienen amor por sus cónyuges. La gracia cambia todo eso. La gracia no se ocupa solamente de la superficie; va más profundo y enseña al hombre a amar a su esposa como Cristo amó a la iglesia.

Amigo mío, el cristianismo tiene que ver completamente con el amor de Dios por ti. Es Su amor por ti y en ti lo que produce una transformación interior del corazón. El cristianismo no es una religión; es una relación. El cristianismo no se trata de una lista de cosas que debes o no debes hacer; se trata de intimidad, amor y de un corazón cálido y lleno de vida. ¡Experimenta y saborea primero la gracia de Dios, y Su amor seguramente hará que vivas una vida santa!

Este devocional está tomado del libro Glorious Grace—100 Daily Readings from Grace Revolution.

miércoles, 19 de agosto de 2026

Sólo Cree


«Y así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así también es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna.»

Juan 3:14–15


19 DE AGOSTO

Sólo Cree


¿Sabes por qué Jesús escogió la cruz? Él fue a la cruz para que todo aquel que cree en Él pueda recibir el regalo de la vida eterna.

Todo aquel que cree. Eso es todo lo que necesitas hacer para entrar en la herencia que fue comprada para ti con la sangre del Hijo de Dios. Cree en ÉL. Cree en Jesús. Cree en lo que Él hizo por ti en la cruz. Cree que todos tus pecados le fueron imputados a Él y que toda Su justicia te fue imputada a ti (2 Cor. 5:21). Cree en el intercambio divino. Cree en Su amor. Cree que todos tus pecados fueron castigados en la cruz y que, por medio de Jesús, has recibido los dones de la justicia y de la vida eterna.

Mira nuevamente Juan 3:15. Dime, ¿quién reúne los requisitos para la salvación? La Palabra de Dios no dice: «Todo aquel que le obedece perfectamente y guarda todos Sus mandamientos». No dice: «Todo aquel que nunca vuelve a fallar». Simplemente dice: «Todo aquel que cree en Él». Todo aquel que cree en Él no perecerá, sino que tendrá vida eterna. ¡La única acción que se necesita de tu parte es creer!

Pastor Prince, ¿cómo puede simplemente creer en Jesús hacerme justo? Tiene que haber algo más que yo deba hacer para ganarme y merecer el amor que Dios tiene por mí.

No lo descartes simplemente porque parece sencillo, y no subestimes el poder de creer correctamente. Cuando crees correctamente —cuando crees que has sido hecho justo por medio de Jesús— terminarás produciendo frutos de justicia. El apóstol Pablo se refiere a «los frutos de justicia» en Filipenses 1:11, y especifica que son «por medio de Jesucristo». Cuando fijas tus ojos en Jesús, y solamente en Jesús, como la fuente de tu justicia y perdón, terminarás produciendo frutos de justicia, santidad y carácter moral.

De hecho, la Biblia nos dice que es cuando no vemos o hemos olvidado que hemos sido limpiados de nuestros antiguos pecados que terminamos careciendo de dominio propio, piedad y amor fraternal (2 Ped. 1:5–9). ¿Puedes ver cómo, cuando crees correctamente, terminarás viviendo correctamente? ¡Así que haz de Jesús, de Su perdón y de Su amor el centro de cada área de tu vida!

Este devocional está tomado del libro 100 Days of Right Believing—Daily Readings from The Power of Right Believing.

martes, 18 de agosto de 2026

Haz de Jesús tu prioridad y ve cómo las bendiciones


18 DE AGOSTO

Haz de Jesús tu prioridad y ve cómo las bendiciones son añadidas a tu vida


«Por tanto, no se preocupen, diciendo: “¿Qué comeremos?”, o “¿Qué beberemos?”, o “¿Qué vestiremos?”... Porque su Padre celestial sabe que ustedes tienen necesidad de todas estas cosas. Pero busquen primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas».

Mateo 6:31-33

Cuando hablo de no preocuparse y mantener nuestros ojos puestos en Jesús, algunas personas piensan que no estoy siendo práctico. Amado, puedes preocuparte todo lo que quieras por tu crisis actual, pero eso no mejorará ni cambiará tu situación ni un poco. Por favor, entiende que no estoy restando importancia a lo que estás atravesando. Simplemente te estoy ofreciendo la mejor solución que conozco y que funciona. Tu avance no vendrá como resultado de tus esfuerzos y luchas. Vendrá cuando descanses en la persona de Jesús y en su obra consumada.

Jesús dijo: «No se preocupen por su vida, qué comerán o qué beberán; ni por su cuerpo, qué vestirán» (Mateo 6:25). Ahora bien, Jesús no estaba diciendo que estas cosas —la comida, la bebida y la ropa— no sean importantes. De hecho, Él dice que «su Padre celestial sabe que ustedes tienen necesidad de todas estas cosas». Pero lo que Jesús quiere que hagamos es «buscar primero el reino de Dios y su justicia», y Él promete que «todas estas cosas les serán añadidas».

Ahora bien, ¿quién es la justicia de Dios? Jesucristo. ¿Y quién es el Rey del «reino de Dios» que debemos buscar? Jesucristo (Apocalipsis 19:16). En realidad, Jesús se estaba refiriendo a sí mismo cuando predicaba esto. Cuando lo buscas a Él primero en tu vida y haces de Él tu prioridad cada día, todas estas provisiones materiales —lo que comerás, beberás y vestirás— te serán añadidas.

Dios no se deleita en quitarte cosas. Él se deleita en añadir a tu vida, aumentarte, promoverte y enriquecerte. Salmos 68:19 dice: «Bendito sea el Señor, que cada día nos colma de beneficios...». ¡El Señor nos colma de beneficios diariamente! Así de bueno es nuestro Salvador. Sus misericordias y su favor inmerecido son nuevos cada mañana. Esa es la manera de vivir y disfrutar de la vida: sabiendo que Jesús está contigo y a tu favor en cada paso del camino.

Pon a Jesús en primer lugar en todo lo que hagas. Hónralo y dale la preeminencia en tu vida diaria. Participa diariamente de su obra consumada leyendo sus palabras vivas para ti. Practica la presencia de Jesús y sé consciente de que Él está contigo, de la misma manera que José, en la Biblia, era consciente de que el Señor estaba con él. Jesús bendecirá las obras de tus manos, y todo lo que toques ciertamente prosperará y traerá buen éxito a tu vida.

Este devocional está tomado del libro 100 Días de Favor — Lecturas diarias sobre el favor inmerecido.

Si tú o un ser querido están enfrentando hoy un desafío relacionado con la salud o el bienestar mental, sepan que estamos orando por ustedes. También queremos animarte a leer «¿Cómo camino en fe y sabiduría mientras busco al Señor para recibir sanidad?», para ayudarte a fortalecer tu fe mientras esperas tu avance.

lunes, 17 de agosto de 2026

¿Y qué hay de la ira de Dios?



Al día siguiente, Juan vio a Jesús que venía hacia él y dijo: «¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!»

Juan 1:29


17 DE AGOSTO

¿Y qué hay de la ira de Dios?


Cuando estaba creciendo en el Señor, solía imaginarme a Dios como un hombre anciano, serio, con cabello blanco, cejas blancas y una barba blanca. Lo veía sosteniendo un gran garrote, esperando golpearme en la cabeza tan pronto como yo fallara o cometiera un error. Por supuesto, cuando crecí en mi entendimiento de Dios, comencé a verlo sin aquel gran garrote amenazador, pero todavía no sonreía y seguía siendo muy anciano.

Todavía recuerdo que, cuando era adolescente, un día estaba orando cuando escuché la voz de Dios que me decía: «Hijo, ¿por qué me imaginas así, como un anciano?». Respondí con confianza: «Bueno, Tú eres un Padre y así es como se ven los padres, ¿verdad?». Él respondió: «Hijo, ¿sabes que envejecer es parte de la maldición que vino sobre la tierra a causa del pecado de Adán? En el cielo no hay maldición. Somos eternamente jóvenes».

Cuando lo escuché decir eso, de repente comencé a ver a Dios como el mismo Dios que habló con Abraham como un amigo bajo los árboles de terebinto y le mostró las estrellas; el mismo Dios que abrió el Mar Rojo y liberó de la esclavitud a los hijos de Israel; el mismo Dios cuya mano de favor hizo rey sobre todo Israel a un joven pastor. Así es como veo a mi Dios hoy. ¡Él es eternamente joven, fuerte y amoroso! No está blandiendo un garrote, listo para castigarme. Sus brazos están extendidos, listos para abrazarme.

Amigo mío, ¿ves a Dios como un juez anciano o como un Padre joven, amoroso y lleno de vida? ¿Ves hoy a un Dios enojado o a un Dios que sonríe y está listo para abrazarte? Debido a la obra terminada de Jesús, finalmente llegué a comprender que ya no estamos bajo el pacto de la ley, donde Dios está contento contigo algunas veces y enojado contigo en otras ocasiones. Hoy, Él nunca estará enojado contigo, sino que siempre te aceptará, te amará y te mostrará su favor por causa de Jesucristo.

Hace años, un hombre que parecía muy perturbado se acercó corriendo a mí después de que había predicado un sermón y dijo: «Pastor, usted habló del amor de Dios, ¡pero la Biblia también dice que Dios es ira!». Le expliqué que, aunque Dios tiene ira, la Biblia nunca define a Dios como ira. En cambio, según la definición de la Biblia, Dios es amor (1 Juan 4:8). Entonces exclamó: «¡Pero Pastor Prince, a veces veo a Dios enojado en la Biblia!».

Le expliqué: «Cuando vemos a Dios enojado en el Antiguo Testamento y en el libro de Apocalipsis, su ira está dirigida contra aquellos que lo han rechazado a Él y a Jesús. Pero tú y yo, los creyentes del nuevo pacto, nunca seremos castigados porque ya hemos recibido a Jesús. Como creyentes, Dios no está enojado con nosotros porque toda su ira por nuestros pecados cayó sobre Jesús en la cruz. Jesús se convirtió en el Cordero de Dios que quitó todos nuestros pecados. En la cruz, Él clamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”. ¿Por qué crees que clamó eso? Lo hizo para que todos supiéramos específicamente que, en ese momento, la ira de Dios cayó sobre Él. Él se convirtió en nuestra ofrenda por el pecado, y el fuego de la ira de Dios lo castigó completamente. Aquel que no conoció pecado se hizo pecado por nosotros, para que tú y yo, que ya somos creyentes, nunca experimentemos la ira de Dios».

Después de que le expliqué esto, aquel precioso hermano me dio las gracias. La expresión de preocupación que había marcado su rostro dio paso a una sonrisa. Creo que, mientras se alejaba, había paz y seguridad en su corazón al saber que Dios no estaba enojado con él porque sus pecados ya habían sido juzgados completamente en la cruz del Calvario. ¡Aleluya!

Es hora de poner fin a la confusión acerca de la ira de Dios y comenzar a ver a Dios tal como realmente es. Dios es (en tiempo presente) amor. Cree que Jesús, el Cordero de Dios, ha quitado todos tus pecados y que su gracia resplandece sobre ti. Eres su hijo amado, en quien Él se complace grandemente.

Este devocional está tomado del libro Reign in Life—90 Powerful Inspirations for Extraordinary Breakthroughs (Reina en Vida—90 poderosas inspiraciones para avances extraordinarios).

domingo, 16 de agosto de 2026

Él está dispuesto


Cuando Él hubo bajado del monte, lo siguieron grandes multitudes. Y he aquí, vino un leproso y se postró ante Él, diciendo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Entonces Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero; sé limpio». Y al instante quedó limpio de su lepra.

Mateo 8:1–3


16 DE AGOSTO

Él está dispuesto


Si has tenido dudas acerca de la disposición de Jesús para sanarte debido a tus pecados y defectos, quiero mostrarte cómo Jesús sanó a alguien que estaba descalificado y era considerado impuro según la ley levítica. Mateo 8 tiene lugar en el Monte de las Bienaventuranzas, justo después de que Jesús predicara el Sermón del Monte, y comienza con los versículos anteriores.

Uno de mis lugares favoritos para visitar en Israel es el Monte de las Bienaventuranzas. Hace varios años, subí hasta el lugar donde Jesús podría haberse sentado mientras predicaba a las multitudes que estaban abajo. Luego caminé por un sendero que descubrí que conducía hasta Capernaum.

Siempre había imaginado a Jesús bajando del monte en dirección a la multitud, pero me di cuenta de que, si hubiera sido así, no diría que «grandes multitudes lo siguieron». Es muy probable que Él estuviera bajando por otro lado del monte, en dirección a Capernaum, para que las multitudes pudieran seguirlo. Solo un versículo después de que Jesús sanara al hombre con lepra, la Biblia nos dice que entró en Capernaum (Mateo 8:5), así que esto tiene sentido para mí.

Mientras caminaba por aquel sendero, llegué a un enorme montón de rocas a un lado y noté otras piedras grandes esparcidas cerca. De repente, sentí que el Señor captó mi atención y comenzó a darme una visión interior. Vi cómo el hombre con lepra podría haberse escondido debajo de aquellas rocas para poder escuchar a Jesús predicar sin ser visto por las multitudes. Si lo hubieran visto, al ser considerado impuro debido a su lepra, las personas que sentían repulsión por su condición podrían haberle arrojado piedras para obligarlo a alejarse.

Vi la angustia de aquel hombre cuyo cuerpo estaba cubierto de llagas de lepra y de carne expuesta y lastimada, y que además había sido obligado a aislarse y a separarse de sus seres queridos para no contaminarlos ni hacerlos impuros (Lev. 13:45–46). Vi la desesperación del hombre que se arrojó delante de Jesús, adorándolo mientras decía: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Y vi la belleza y la majestad de nuestro Señor Jesús cuando tocó al hombre con lepra y declaró: «Quiero; sé limpio».

En ese momento, el Señor no solo restauró la salud de aquel hombre, sino que también restauró su humanidad.

Que Jesús tocara a un hombre con lepra es algo extraordinario. Bajo la ley, cuando alguien limpio tocaba a alguien impuro, el limpio quedaba impuro. Nuestro Señor Jesús estaba mostrando que, bajo la gracia, cuando el limpio (Jesús) toca al impuro, ¡el impuro queda limpio! Jesús no contrajo impureza al tocar al hombre con lepra; la expulsó. Amado, Él hará lo mismo contigo.

Este devocional es una adaptación del libro El poder sanador de la Santa Cena: un devocional de 90 días.

sábado, 15 de agosto de 2026

Confesión de pecados

 

15 DE AGOSTO

Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda injusticia.

1 Juan 1:9


Una pregunta que me hacen con frecuencia acerca del perdón total de los pecados es: ¿Qué hay de la confesión de pecados de la que se habla en 1 Juan 1:9? ¿No tenemos que confesar nuestros pecados para ser perdonados y limpiados de toda injusticia?

En varias ocasiones he compartido acerca de mi propia lucha en el pasado con 1 Juan 1:9, hasta el punto de obsesionarme con tratar de confesar cada pecado y vivir tan consciente del pecado que llegué a creer que había perdido mi salvación. Por ahora, quiero compartir contigo una revelación fresca y poderosa que el Señor abrió mis ojos para comprender en el momento en que escribía esto. En mi estudio, Él me llevó a examinar la palabra “pecados” en 1 Juan 1:9 y a determinar si en el texto griego original es un sustantivo o un verbo. ¿Estás preparado para esto?

En las dos ocasiones en que aparece la palabra “pecados” en 1 Juan 1:9, se utiliza el sustantivo griego hamartia. Según el conocido estudioso de la Biblia William Vine, hamartia (“errar el blanco”) indica “un principio o fuente de acción, o un elemento interno que produce actos... un principio o poder gobernante”. En otras palabras, se refiere al principio del pecado, o a nuestro estado pecaminoso a causa del pecado de Adán. Al utilizar la forma sustantiva de esta palabra, Juan claramente no se estaba refiriendo a que cometamos actos individuales de pecado; de haber sido así, habría utilizado la forma verbal, hamartano.

A la luz de esto, ¿puedes ver que 1 Juan 1:9 no está hablando de confesar nuestros pecados cada vez que pecamos de pensamiento o de hecho? Juan estaba hablando de la necesidad de reconocer y confesar ante Dios que somos pecadores a causa del pecado de Adán, y también de recibir el perdón total de todos nuestros pecados mediante la obra consumada de Jesús.

¿Cuántas veces necesitamos hacer esto? Solo una vez. Por eso, 1 Juan 1:9 es principalmente un versículo relacionado con la salvación: anima al pecador a reconocer y confesar su estado pecaminoso o su condición de “pecador”, a nacer de nuevo por la fe en nuestro Señor Jesucristo y a permitir que su estado pecaminoso heredado de Adán sea reemplazado por un nuevo estado de justicia mediante Cristo.

En el primer capítulo de 1 Juan, el apóstol Juan se estaba dirigiendo a la doctrina herética gnóstica, que no aceptaba la creencia en el estado pecaminoso del ser humano. Juan estaba animando a los gnósticos a confesar su estado pecaminoso y recibir el perdón completo del Señor y la limpieza total de toda su injusticia mediante Su obra consumada en la cruz.

Ahora bien, ¿qué dice Juan acerca de los pecados que cometemos después de habernos convertido en creyentes? Solo dos versículos después, en el segundo capítulo de 1 Juan, Juan responde esta pregunta al comenzar a dirigirse a los creyentes:

“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis. Y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1).

Esta vez, las palabras “pecado” y “pecare” corresponden al verbo griego hamartano. Ahora Juan se está refiriendo a los pecados que cometen los creyentes: sus pensamientos y acciones pecaminosas. ¿Qué dice Juan al respecto? Nos recuerda que cuando fallamos como creyentes, tenemos un Abogado ante el Padre: Jesucristo.

Debido a nuestro Señor Jesús y a lo que Él realizó en la cruz, tenemos perdón y seguimos permaneciendo justos delante de Dios incluso cuando hemos fallado. Como el apóstol Pablo recordó a los creyentes de Corinto que habían fallado que ellos seguían siendo el templo del Espíritu Santo, Juan nos recuerda quiénes somos en Cristo y quién es Aquel que nos representa a la diestra de Dios.

¿Puedes ver que la respuesta de la Biblia para vencer el pecado consiste siempre en recordarles a los creyentes su identidad justa en Cristo? Esto no es para animarnos a pecar, sino para animarnos a mirar a nuestro Señor Jesús, ver nuestros pecados castigados en la cruz y vivir victoriosa y gloriosamente para Él. Recuerda que de eso se trata el verdadero arrepentimiento: volvernos hacia la cruz y regresar a Su gracia.

Cuando falles hoy, debes saber que puedes hablar honestamente con Dios acerca de tu fracaso, pero hazlo teniendo una revelación de la cruz de nuestro Señor Jesús. Mira tus pecados castigados en Su cuerpo y recibe nuevamente Su perdón y Su favor inmerecido para reinar sobre tus pecados.

Este devocional está tomado del libro Glorious Grace—100 Daily Readings from Grace Revolution (Gracia Gloriosa: 100 lecturas diarias de Revolución de Gracia).

viernes, 14 de agosto de 2026

Ejercita la sabiduría y camina bajo protección


Porque Él ordenará a Sus ángeles que te protejan dondequiera que vayas. Ellos te sostendrán con sus manos para que ni siquiera tropieces con una piedra.

Salmo 91:11–12

Ejercita la sabiduría y camina bajo protección

Cuando se trata de la protección del Señor, hay quienes leen Salmo 91:11–12 y ven en estas promesas una invitación a vivir de manera imprudente. Pero esta Escritura no te está animando a exponerte deliberadamente al peligro. Está diciendo que, mientras recorres el curso de tu vida diaria, «en todos tus caminos» el Señor te protegerá. La palabra hebrea para «caminos» en el versículo 11 lo deja claro: es la palabra derek, que significa sendero, camino o viaje.

Mientras recorres tu camino diario, puede haber ocasiones en las que el enemigo haya colocado trampas delante de ti de las que no eres consciente. Pero Dios dará órdenes a Sus ángeles para que estén a tu cargo y vayan delante de ti para protegerte de esas trampas. ¡Eso no significa que debas hacer algo insensato y dañino para ti mismo con el fin de poner a prueba la protección de Dios! Aun cuando confiamos en el Señor para recibir Su protección divina, ejercitemos también la sabiduría.

Quizás estés familiarizado con Marcos 16:18, que dice: «Si beben cosa mortífera, no les hará daño». Ahora bien, si alguien te desafía a beber veneno y tú lo haces voluntariamente para demostrar que no te hará daño, eso simplemente sería una insensatez. Salmo 91:11 habla de los caminos que recorres como parte de tu vida normal. Beber veneno intencionalmente ciertamente no forma parte de tu vida normal. Lo que Marcos 16:18 está diciendo es que, si durante el transcurso de tu día bebes algo dañino sin darte cuenta, ¡el Señor te protegerá de sus efectos nocivos!

Tengo un amigo misionero que me contó cómo alguien intentó envenenarlo mientras se encontraba en el campo misionero. Al final, aquella persona se convirtió en creyente en el Señor Jesús porque vio al misionero beber inocentemente todo el vaso de veneno, ¡sin sufrir ningún efecto adverso! ¡Así es como se aplica Marcos 16:18!

Y espero que comprendas que la protección de Dios no siempre tiene que manifestarse mediante espectaculares intervenciones angelicales. Creo que cada día Su protección sobre nosotros es tan sobrenaturalmente natural que muchos ni siquiera nos damos cuenta de que hemos sido protegidos. Tal vez, cuando estabas bajando de la acera, sentiste que algo te sujetó o te hizo retroceder, y justo en ese momento un automóvil pasó a toda velocidad. ¿Qué crees que te sujetó o te hizo retroceder? Bien podría haber sido un ángel, no necesariamente de una manera espectacular, sino sobrenaturalmente protegiéndote (Heb. 1:14).

Este devocional está adaptado del libro El Devocional de la Oración de Protección: Estrategias Diarias para Vivir Sin Miedo en Tiempos Peligrosos.

Cayendo de la gracia

  24 DE AGOSTO Cayendo de la gracia Cristo se ha vuelto de ningún efecto para vosotros, cualquiera de vosotros que seáis justificados por ...