2 Crónicas 20:15, 17
13 DE SEPTIEMBRE
Quédate quieto
Cuando el rey Josafat y la pequeña tribu de Judá estaban siendo sitiados por todos los frentes por tres poderosos y sanguinarios ejércitos que avanzaban rápidamente hacia Jerusalén (2 Crón. 20), el rey decidió buscar al Señor y orar con esperanza delante de toda la asamblea de Judá. Fue entonces cuando el Espíritu del Señor vino sobre Jahaziel, quien pronunció las palabras del Señor que leemos en el pasaje de hoy. Al escuchar estas palabras de esperanza, todo Judá se humilló delante del Señor, inclinándose ante Él y adorándolo.
Hoy el Señor te está diciendo esas mismas palabras en tu situación. ¡Espera en Él porque Él te ama! No tienes que vivir con miedo y desánimo cuando sabes que la batalla no es tuya, sino del Señor. Quédate quieto y contempla la salvación del Señor. La batalla es de Él, y tú no tendrás que luchar en ella.
¿Qué haces cuando no sabes qué hacer? Lo mejor que puedes hacer es quedarte quieto. Quédate quieto y contempla la salvación del Señor en tu situación.
Pero, Pastor Prince, ¡si me quedo quieto, no sucederá nada!
Amigo mío, quedarse quieto no significa estar inactivo o no hacer nada. Es una actitud de esperanza, y significa mantener tu esperanza anclada en la persona de Jesús y tener una expectativa segura y confiada de que vendrá algo bueno. Cuando los ejércitos de Faraón avanzaban contra los hijos de Israel, decididos a aniquilarlos, Moisés simplemente declaró a los israelitas aterrorizados: “No tengan miedo. Quédense quietos y vean la salvación del Señor” (Éx. 14:13). La palabra hebrea para salvación es yeshua, que en realidad es el nombre de Jesús. Así que la salvación es la persona de Jesús, y Él está contigo.
Cuando te encuentres en una situación aparentemente sin salida, aprende a tomar tu posición: quédate quieto y contempla el poder salvador de Jesús obrando a tu favor. Él nunca te dejará ni te abandonará (Heb. 13:5). Y mientras centras tu ser, tus pensamientos, tus creencias y tus esperanzas en Él, Él te guiará en cuanto a qué hacer, tal como guio a Josafat hacia una victoria triunfal sobre sus enemigos.






