sábado, 15 de agosto de 2026

Confesión de pecados

 

15 DE AGOSTO

Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda injusticia.

1 Juan 1:9


Una pregunta que me hacen con frecuencia acerca del perdón total de los pecados es: ¿Qué hay de la confesión de pecados de la que se habla en 1 Juan 1:9? ¿No tenemos que confesar nuestros pecados para ser perdonados y limpiados de toda injusticia?

En varias ocasiones he compartido acerca de mi propia lucha en el pasado con 1 Juan 1:9, hasta el punto de obsesionarme con tratar de confesar cada pecado y vivir tan consciente del pecado que llegué a creer que había perdido mi salvación. Por ahora, quiero compartir contigo una revelación fresca y poderosa que el Señor abrió mis ojos para comprender en el momento en que escribía esto. En mi estudio, Él me llevó a examinar la palabra “pecados” en 1 Juan 1:9 y a determinar si en el texto griego original es un sustantivo o un verbo. ¿Estás preparado para esto?

En las dos ocasiones en que aparece la palabra “pecados” en 1 Juan 1:9, se utiliza el sustantivo griego hamartia. Según el conocido estudioso de la Biblia William Vine, hamartia (“errar el blanco”) indica “un principio o fuente de acción, o un elemento interno que produce actos... un principio o poder gobernante”. En otras palabras, se refiere al principio del pecado, o a nuestro estado pecaminoso a causa del pecado de Adán. Al utilizar la forma sustantiva de esta palabra, Juan claramente no se estaba refiriendo a que cometamos actos individuales de pecado; de haber sido así, habría utilizado la forma verbal, hamartano.

A la luz de esto, ¿puedes ver que 1 Juan 1:9 no está hablando de confesar nuestros pecados cada vez que pecamos de pensamiento o de hecho? Juan estaba hablando de la necesidad de reconocer y confesar ante Dios que somos pecadores a causa del pecado de Adán, y también de recibir el perdón total de todos nuestros pecados mediante la obra consumada de Jesús.

¿Cuántas veces necesitamos hacer esto? Solo una vez. Por eso, 1 Juan 1:9 es principalmente un versículo relacionado con la salvación: anima al pecador a reconocer y confesar su estado pecaminoso o su condición de “pecador”, a nacer de nuevo por la fe en nuestro Señor Jesucristo y a permitir que su estado pecaminoso heredado de Adán sea reemplazado por un nuevo estado de justicia mediante Cristo.

En el primer capítulo de 1 Juan, el apóstol Juan se estaba dirigiendo a la doctrina herética gnóstica, que no aceptaba la creencia en el estado pecaminoso del ser humano. Juan estaba animando a los gnósticos a confesar su estado pecaminoso y recibir el perdón completo del Señor y la limpieza total de toda su injusticia mediante Su obra consumada en la cruz.

Ahora bien, ¿qué dice Juan acerca de los pecados que cometemos después de habernos convertido en creyentes? Solo dos versículos después, en el segundo capítulo de 1 Juan, Juan responde esta pregunta al comenzar a dirigirse a los creyentes:

“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis. Y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1).

Esta vez, las palabras “pecado” y “pecare” corresponden al verbo griego hamartano. Ahora Juan se está refiriendo a los pecados que cometen los creyentes: sus pensamientos y acciones pecaminosas. ¿Qué dice Juan al respecto? Nos recuerda que cuando fallamos como creyentes, tenemos un Abogado ante el Padre: Jesucristo.

Debido a nuestro Señor Jesús y a lo que Él realizó en la cruz, tenemos perdón y seguimos permaneciendo justos delante de Dios incluso cuando hemos fallado. Como el apóstol Pablo recordó a los creyentes de Corinto que habían fallado que ellos seguían siendo el templo del Espíritu Santo, Juan nos recuerda quiénes somos en Cristo y quién es Aquel que nos representa a la diestra de Dios.

¿Puedes ver que la respuesta de la Biblia para vencer el pecado consiste siempre en recordarles a los creyentes su identidad justa en Cristo? Esto no es para animarnos a pecar, sino para animarnos a mirar a nuestro Señor Jesús, ver nuestros pecados castigados en la cruz y vivir victoriosa y gloriosamente para Él. Recuerda que de eso se trata el verdadero arrepentimiento: volvernos hacia la cruz y regresar a Su gracia.

Cuando falles hoy, debes saber que puedes hablar honestamente con Dios acerca de tu fracaso, pero hazlo teniendo una revelación de la cruz de nuestro Señor Jesús. Mira tus pecados castigados en Su cuerpo y recibe nuevamente Su perdón y Su favor inmerecido para reinar sobre tus pecados.

Este devocional está tomado del libro Glorious Grace—100 Daily Readings from Grace Revolution (Gracia Gloriosa: 100 lecturas diarias de Revolución de Gracia).

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