jueves, 27 de agosto de 2026

Seguros en las manos del Padre



27 DE AGOSTO

Seguros en las manos del Padre



“Mis ovejas oyen Mi voz, y Yo las conozco, y ellas me siguen. Y Yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de Mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de Mi Padre. Yo y el Padre uno somos.”

Juan 10:27–30

Amigo mío, si no tienes la seguridad de tu salvación en Cristo, eso afectará la manera en que vives tu vida como cristiano. Por eso quiero animarte a estar anclado en pasajes ciertos y claros, como el que encontramos en la Escritura de hoy.

Ahora bien, ¿acaso simplemente leer esta promesa en la Palabra de Dios no te imparte confianza, seguridad y certeza acerca de tu salvación en Cristo? Permíteme llamar tu atención sobre la palabra “jamás”. Esto va a bendecirte. La palabra “jamás” aquí se traduce del término griego ou me, que es una doble negación y enfatiza fuertemente el significado de “jamás, ciertamente no, de ninguna manera, en absoluto”. En otras palabras, una vez que eres salvo, ¡nunca, de ninguna manera, perecerás!

Cuando las personas ponen en duda la salvación de un creyente, esto revela que no valoran correctamente la obra consumada de Jesucristo en la cruz. También están minimizando lo que nuestro Señor Jesús sufrió en el Calvario por nuestra salvación, perdón y redención. No sé qué Biblia están leyendo, pero mi Biblia me dice, sin ninguna incertidumbre, que “si confiesas con tu boca al Señor Jesús y crees en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Rom. 10:9). Mi Biblia me dice que “nadie las puede arrebatar de la mano de Mi Padre” (Juan 10:29). Mi Biblia me dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). ¡Eso es lo que dice mi Biblia!

Cuando tenemos la seguridad de la salvación y sabemos que nada puede arrancarnos de la mano de nuestro Padre, contrario a lo que algunos dicen —que esto les da a las personas licencia para pecar sin importarles Dios—, en realidad nos da confianza y fortaleza para mirar al Señor, correr mejor la carrera y avanzar de gloria en gloria. Los cristianos que están seguros del amor del Padre serán transformados mediante la renovación de sus mentes por el poder de la maravillosa gracia de Dios. Creo con todo mi corazón que los creyentes nacidos de nuevo, establecidos en Su gracia, desean vivir vidas que glorifiquen Su santo nombre en cada área de sus vidas. ¿Por qué? Porque la gracia no es una enseñanza, una doctrina ni una fórmula. ¡La gracia es una persona, y Su nombre es Jesús!

Por eso me gusta usar la expresión “la persona de Jesús”. La gracia está personificada en nuestro Señor Jesús. Puedes relacionarte con Él como una persona. Puedes hablar con Él, pasar tiempo con Él, compartir con Él tus luchas y tus desafíos, y tener conversaciones realmente buenas, honestas y profundas con Él. Una vez que ves a nuestro Señor Jesús como una persona, y contemplas toda Su belleza, gloria, gracia, amor y perdón, no hay manera de que quieras vivir un estilo de vida que no glorifique Su santo nombre. Cuando valoras a Jesús en tu vida, valoras Su gloria.

Quiero invitarte a meditar en esta poderosa Escritura:

Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a Sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para Sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

—Tito 2:11–14

Ahora bien, ese es el resultado de estar bajo la gracia, ¡y eso es lo que significa formar parte de la revolución de la gracia! Al contemplar a la persona de Jesús, la gracia nos enseña a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y nos convertimos en un pueblo celoso de la gloria de nuestro Señor Jesús en nuestras vidas y “celoso de buenas obras”.

Este devocional es una adaptación del libro Glorious Grace—100 Daily Readings from Grace Revolution.

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